En primer lugar hay que retirar los restos de tentáculos que puedan haber quedado en la piel. Este proceso debe hacerse con guantes para evitar que el veneno pase también a las manos.

A continuación hay que aplicar agua salada sobre la superficie de la piel afectada. Nunca hay que utilizar agua dulce ya que, según afirma la web especializada medusas.org, esto puede provocar más dolor.

También se puede lavar la zona con agua caliente para aliviar el dolor. En este caso es preferible evitar el vinagre (que sí está indicado en algunos casos de picaduras de medusas) si la zona no se ha limpiado correctamente con anterioridad.

Una vez lavada la zona es muy importante evitar la exposición directa de la zona afectada a la luz del sol.

Del mismo modo, no es nada recomendale rascarse.

Si los síntomas de dolor y picor no disminuyen es aconsejable acudir a un centro médico para que un especialista prescriba el tratamiento más adecuado que suele consistir en cremas con corticoides e incluso la administración de antihistamínicos por vía oral.

Poco común en el Mediterráneo

Aunque la carabela portuguesa no es común en las aguas del Mediterráneo, estos últimos días varios de estos ejemplares han llegado hasta las orillas de varias playas  tras ser atrastradas por la corriente desde la zona de Cádiz y Huelva. Estos seres son tan peligrosos como llamativos ya que se caracterizan por un color fosforescente y unos tentáculos que pueden llegar a medir hasta 30 metros si están extendidos. Además, debido a su característica morfología en forma de vela se desplazan rápidamente con las corrientes marinas.

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